Re Uno Todo.

Estoy sentada bajo los árboles en una hermosa hacienda en el Cerro Roqué, en Paraguay. Contemplo a mi alrededor mientras Ugo hace lo mismo. Cada uno a su ritmo.

Mi atención se detiene en un objeto de bambú. Comprendo su construcción! No es que ‘entiendo intelectualmente’ cómo está hecho sino que siento su arquitectura! El objeto, mi mirada y yo somos Uno en un Instante (Santo). Fusionados.

Me asusto. Me levanto. Me voy.

Es pasado el mediodía. La luz se filtra por las ventanas dibujando en todos lados. Miro al techo con la misma parsimonia de hace un rato. Volteo la cara. Lo miro a Ugo. Ugo mira el techo, hipnotizado. Ahora siento su Mente!! Conectados.

Imagino que veinte años después, dice: ‘Mamá, te acuerdas cuando estábamos los dos tumbados en Takuara Rendá, mirando el techo de paja, en una quieta tarde soleada?’.

Me emociono. Lloro. A mares. En silencio.

‘Dónde hay un boli?. Tengo que escribir esto!’, pienso. Y también pienso: ‘Si Aquí lo escribo no lo vivo. Así que Ahora lo vivo!!’ Elijo.

Ya pasaron dos meses de aquello. Entonces lo escribo.

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